Fotos, arte, poesía y diarios

viernes, 4 de marzo de 2011


Infancia es destino. ¿Será?
Inés Arredondo escribe:
"Nací en Culiacán, Sinaloa. Como todo el mundo, tengo varias infancias de donde escoger, y hace mucho tiempo elegí la que tuve en casa de mis abuelos, en una hacienda azucarera cercana a Culiacán, llamada Eldorado.
"Elegir la infancia es, en nuestra época, una manera de buscar la verdad, por lo menos una verdad parcial (...)
"Al interpretar, inventar y mitificar nuestra infancia, hacemos un esfuerzo (...) para comprender el mundo en que habitamos y buscar un orden dentro del cual acomodar nuestra historia y nuestras viviencias"
Recibí como regalo un libro pequeño que se llama La verdad o el presentimiento de la verdad. Es de Inés Arredondo. Tiene unas fotos lindas en blanco y negro y lo editó DICOFUR de Sinaloa, el INBA y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en la Ciudad de México, en 2008.
Disfruté enormemente el texto, del cual tomé las citas anteriores y he aquí mis reflexiones:
¡Escoger nuestra infancia! Eso suena bien; con qué nos quedamos; qué nos resulta grato; qué nos hace sonreír con sólo recordarlo. Partiendo de ahí: cómo aprovechar esa infancia escogida y mitificada para tener más recursos para llegar naturalmente a nuestros sueños. Y así, comprender cómo ello nos hizo ser quien somos o quien decidimos ser. Y a partir de lo que escojamos de nuestra infancia, por qué no, crear un destino que nos guste vivir pese a lo que pese.
Continúo con la descripción de aquella hacienda de la infancia de Inés Arredondo:
"La hacienda comprendía muchos miles de hectáreas, y todos los caminos estaban bordeados de guayabos. (... Había) huertas de lychis traídos de China, (...) de caimitos del Perú, de nísperos del Japón...
"Huertas que contenían enormes jaulas con pájaros traídos de todo el mundo; canales frescos que se ensanchaban en albercas encerradas entre pilares dóricos (...)
"Eldorado fue creado, construido, árbol por árbol y sombra tras sombra. Dos hombres locos, padre e hijo, en dos generaciones, inventaron un paisaje, un pueblo y una manera de vivir. Mi abuelo fue cómplice de los dos, y trazó y sembró con sus manos las huertas que yo creí que habían estado allí siempre.
"Sí creo que en la vida es posible escoger, del total informe de sucesos y actos que vivimos, aquellos pocos e insustituibles con los cuales se puede interpretar y dar sentido a la vida (...)
Me marcó mucho esta lectura.
Hay cosas que escojo de mi infancia y las comparto aquí; hay cosas que escojo y las guardo como un secreto. Reconozco las partes complicadas, pero las dejó ir y me concentró en habilidades que desarrollé gracias a esas dificultades, como mi capacidad de imaginar y soñar.
Una de las frases con las que remata Inés Arredondo con gran fuerza es la siguiente:
"Y (...) quizá está historia de mi infancia sea inventada. Pero mi nombre y mi historia los he escogido". Y con éstas últimas nueve palabras derrumba a esa frase, seguro freudiana, con la que comencé: "Infancia es destino". Pues no para Inés Arredondo y no para mí, a menos que eso signifique hacer una selección, jajaja
Puse de ilustración la fuente de el Parque México en la colonia Condesa, debido a que ahí jugué de niña; ya que mi abuela y mi tía Delia vivían por ahí. En ese tiempo que la Condesa no era la Condesa de estos días.

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